El escorbuto: la pequeña gran historia de una enfermedad terrible (4ª parte)

A principios de 1768, la Royal Society propuso una misión conjunta con la Armada Británica al sur del Pacífico y eligieron como capitán a un joven de mentalidad científica, recién ascendido a teniente de navío, llamado James Cook. Los objetivos de la misión eran tres: el descubrimiento e incorporación de nuevos territorios, el registro de fenómenos astronómicos y, quizá el más importante, la comprobación rigurosa de una amplia gama de antiescorbúticos.

Como parte de los esfuerzos del Almirantazgo por hallar un remedio para el escorbuto, el Endeavour, el navío de Cook, llevaba a bordo una extensa gama de productos que supuestamente combatían la enfermedad. El catálogo incluía prácticamente todas las propuestas serias realizadas por la comunidad médica hasta la fecha: barriles de malta, col fermentada, confitura de zanahoria, mostaza, sopa portátil, agua destilada y una pequeña cantidad del rob concentrado de James Lind, a base de limones y naranjas, guardado bajo llave por el joven naturalista Joseph Banks, por su elevado valor.

El Ministerio de Marina tenía un especial interés en que Cook probara el wort fermentado de malta, pues si se demostraba su eficacia constituiría una solución barata y sencilla para el problema del escorbuto. La razón era que Sir John Pringle, que se convertiría muy pronto en presidente de la Royal Society era un ferviente defensor del remedio.

Tras este primer viaje, el Endeavour llegaba a puerto el 12 de junio de 1771. Unos marineros agotados pisaban su tierra natal tras dos años y nueve meses y medio de viaje. No había muerto ni un solo tripulante a causa del escorbuto. Y no sólo esto, sino que a su regreso triunfal a Inglaterra del tercer viaje por el Pacífico, en julio de 1775, había pasado casi siete años consecutivos explorando las antípodas del globo sin perder un solo hombre por la terrible enfermedad. Cook fue aclamado en toda Europa.


Parecía que el Almirantazgo ya no tendría que contar a partir de ahora con una mortandad del cincuenta por ciento o más que frustraba una y otra vez las expectativas de éxito de tantas y tantas misiones estratégicas y caras por todo el mundo. Lamentablemente, no se pusieron en práctica en otros buques ninguna de las medidas empleadas durante los viajes del capitán Cook.

Banks anotó en su diario que aunque consumía medio litro de wort o más cada noche, empezó a desarrollar los síntomas del escorbuto. Entonces recurrió al limón. Cada vez que tomaba una bebida alcohóloca, la combinaba con zumo de limón hasta llegar a tomar casi seis onzas de zumo por día; el efecto fue sorprendente, en menos de una semana sus encías estaban tan firmes como siempre. El Almirantazgo sólo le había proporcionado unos doce litros del valioso elixir (además de una pequeña cantidad de rob), de modo que no repartió el zumo entre los tripulantes, excepto en pequeñas dosis y en circunstancias extremas. El informe de Banks revela sus sospechas de que la malta no tenía mucho efecto contra el escorbuto. Aún más revelador es el hecho de que al sentir los primeros síntomas del escorbuto, los primeros productos a los que recurrió fueron el zumo y el rob. Es más que probable que Banks hubiese leído los trabajos de otros médicos y llegase a aceptar las propiedades antiescorbúticas del wort, si bien antes había declarado que a pesar de ingerir wort de malta a diario, había mostrado síntomas de escorbuto. Banks, al igual que Lind, se vio claramente influenciado por la moda científica de su época.

Por su parte, Cook era de la opinión de que el aceite contribuía al escorbuto y proponía eliminar de la dieta de los marineros productos grasos como la mantequilla y el queso. También eran muy comunes las declaraciones y opiniones confusas y contradictorias entre sí sobre el rob y el wort. A pesar de todo ello, es digno de destacar que el galardón más prestigioso con el que se condecoró a James Cook, la medalla de oro Copley de la Royal Society, no le fue entregada por sus descubrimientos geográficos ni por sus victorias militares, sino por su hazaña médica.

Pero el problema del escorbuto persistía, en parte debido a que no resultaba sencillo reproducir en los buques de guerra de la Armada las mismas condiciones de higiene y alimentación aplicadas a bordo de los navíos de Cook ya que los viajes de éste no habían sido aventuras militares sino misiones de ciencia y exploración, con objetivos completamente diferentes a los bélicos.

Cook también cometió errores y nunca tuvo claro cuáles de los alimentos y productos empleados eran realmente efectivos. Pringle se aprovechó de los viajes de Cook para reclamar las supuestas virtudes del wort de malta como antiescorbútico, aunque puede que Pringle tergiversara los informes de Cook para favorecer el wort frente al rob de limón propuesto por James Lind. En realidad, Cook jamás emitió una opinión inequívoca a favor o en contra del wort de malta. Sin embargo, esta posición de ambigüedad, según algunos historiadores, fue un error desastroso y condenó a miles de marineros a morir en las décadas siguientes.

El siguiente personaje en nuestra historia es Sir Gilbert Blane. Blane había leído muchos de los tratados médicos más conocidos de su época. Recomendaba mejorar las condiciones de limpieza a bordo de las grandes embarcaciones, lavar frecuentemente la ropa y las hamacas de los marineros, evacuar a los pacientes infecciosos a algún hospital y, lo más importante, incluir el zumo de cítricos y el wort de malta como suplementos alimenticios diarios, siguiendo lo que él interpretaba que eran las recomendaciones de Lind y Cook, respectivamente. Igualmente, estableció el uso obligatorio de jabón en los buques y el suministro de medicamentos gratuitos a los médicos navales (hasta entonces tenían que comprarlos ellos mismos con su exiguo salario y, a menudo, esto provocaba una falta de medicamentos a bordo).

Hacía tiempo que se sabía que durante la temporada de huracanes aumentaban las fiebres, mientras que el escorbuto se duplicaba a finales del invierno y principios de primavera, para descender de nuevo en junio, cuando era más fácil conseguir alimentos frescos. Blane informó que la tasa anual de mortalidad causada por enfermedades en la flota era de uno entre siete, mientras que los casos de escorbuto superaban en número a todas las otras enfermedades combinadas. Se dio cuenta de que se podía prevenir o curar de forma infalible con fruta y verduras, especialmente con naranjas, limones y limas, éstas últimas mucho más fáciles de conseguir de las colonias británicas en el Caribe. Al fin, refiriéndose al infame wort de malta, uno de los principales antiescorbúticos suministrados por la Armada, escribió que sus virtudes eran tan inapreciables que decidió dejar de emplearlo.

El gran mérito de Blane consistió en lograr que administraran el zumo a diario, como medida preventiva; comprendió la necesidad de suplir las reservas de ácido ascórbico en el organismo a medida que se agotaban, en vez de esperar a que se manifestaran los síntomas de escorbuto antes de administrar un remedio. Su prescripción: 19 mililitros de zumo de limón mezclados con azúcar se añadían a la ración diaria de grog de cada marinero.

Aunque sus argumentos a favor de los alimentos frescos, los limones y limas y una mejora de la higiene a bordo deberían haber resultado convincentes, los almirantes del Ministerio hicieron caso omiso. En 1783, la mortandad en los buques bajo su supervisión médica se había reducido de uno entre siete a uno entre veinte, según sus propios cálculos.


En la última década del siglo XVIII muchos otros habían propuesto soluciones similares, pero ninguno de ellos gozaba de la posición social de Blane que le permitiese reunirse en persona con miembros importantes de la jerarquía naval. No cabe duda de que debió de haber no pocos médicos navales ofendidos cuando se atribuyó a Sir Gilbert Blane todo el mérito de una idea bastante extendida, aunque poco apreciada.

Sólo tras la renuncia y la muerte de Sir John Pringle se despejó el camino y pudo Blane defender el empleo de antiescorbúticos más efectivos. Con la desaparición de la perniciosa influencia de Pringle, se fue, asimismo, entre la comunidad científica el apoyo por el wort de malta.

A finales de la década de 1790 y principios del siglo XIX, el escorbuto ya no suponía una amenaza para la Armada Británica. Se había reducido a la categoría de espectro amenazador, que sólo había reaparecido en contadísimas ocasiones desde que Blane convenciera en 1795 al Almirantazgo de repartir una dosis diaria de limón exprimido como medida preventiva... (continuará)


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